José Calvo Poyato, historiador, escritor y ex portavoz del PA en el Parlamento: «Álvarez debe irse y convocar un congreso para que el andalucismo decida su futuro»
ABC CÓRDOBA. Resulta casi imposible observar a José Calvo llegar a una entrevista sin que porte un libro en las manos. Parece un órgano más de su paisaje anatómico. Colgó la política oficial en la percha hace más de dos años como diputado andalucista por la provincia, pero, rezuma análisis por doquier. Y más, ahora, calentito, con las urnas aún humeantes.
«La diferencia entre mi trabajo de antes y ahora es que en el Parlamento, una parte del público me aplaudía, y la otra, no; ahora, todo el público aplaude tras la conferencia». Pero el bullicio de su agenda continúa la estela del ajetreo. Eso sí, sigue siendo uno de los políticos a los que más le cunden las 24 horas del día.
-¿Qué supone que el andalucismo esté fuera del Parlamento andaluz?
-Supone una pérdida muy seria tras la catástrofe electoral del 9-M. El Partido Andalucista no ha faltado desde que se constituyó en 1982, y ahora nos vemos sin voz ni voto. Soy de los que está convencido plenamente de que el andalucismo y un partido como éste, no un proyecto como Coalición Andalucista que ha surgido tres meses antes de las elecciones, aunque respetable, es necesario en la Cámara andaluza.
-¿Qué ha fallado?
-No existe una sola causa. De partida, está claro que el Partido Andalucista tiene desde hace muchos años un suelo de votos. Cuando tras las municipales de 2003 se logran setenta alcaldías, algunas en ciudades medias como Isla Cristina, Almuñécar, Utrera, Cabra, Priego o San Fernando; un número importante de concejales y un grupo parlamentario con casi los mismos diputados que IU, estamos ante un peso significativo. Todo eso se ha ido erosionando. Venimos de un congreso en el que el secretario general, Julián Álvarez, no supo leer los apretados resultados donde ganó por apenas un punto a Antonio Ortega. Luego está la Ley D´Hont..., ¿qué nos va a contar a nosotros IU de esta ley? Tampoco se puede improvisar en tres meses una candidatura en un formato como la coalición, que yo respeto y además me parece muy bien que se intente integrar a todas las corrientes que creen en el andalucismo. Pero no hay que olvidar que un símbolo en un partido es algo muy importante, tanto como para que mucha gente sepa identificarlo en las papeletas, y no una lista de nombres.
-Por cierto, hablando de nombres, se le achaca a la nueva coalición un desconocimiento de líderes, demasiadas caras nuevas... Si algo tenía el PA eran caras conocidas, aunque luego fueran discutibles sus modos.
-Bueno, ya en el congreso se habló de renovación, con un cierto mensaje rupturista de anteriores etapas y anteriores responsables políticos, aunque, por ejemplo, y si mi olfato político aún se mantiene, sigo viendo detrás de esta nueva etapa la figura de Alejandro Rojas-Marcos, aunque pareciera que se ha marchado.
-Desde luego, lo del andalucismo es como ese cuadro de Goya de Saturno comiéndose a sus hijos, ustedes han estado siempre empeñados en autofagocitarse,
-Pues sí, estoy de acuerdo, podría visualizarse así.
-Por cierto, ¿usted está de acuerdo en que Julián Álvarez debería marcharse?
-Por supuesto que sí, y, además, debería convocar un congreso extraordinario para que el andalucismo, de manera libre, pudiera elegir por dónde puede ir su futuro. No es que hayamos perdido algún diputado, algunas alcaldías y un diez por ciento de concejales. Hemos perdido mucho más.
-¿Ha podido pasarles factura el «no» predicado en el referéndum del Estatuto andaluz?
-Creo que sí. Nacionalismos de más experiencia han demostrado en casos similares que al final había que optar por pedir el voto favorable. Le estoy hablando de Convergencia i Unió y su actitud en el Estatuto de Cataluña, y del «no» de Esquerra Republicana, que ha sido luego la gran perdedora de estas elecciones a la postre. Desde el referéndum del Estatuto Andaluz se hizo una lectura equivocada del 10 por ciento de electores que votaron «no». Se pensó que nos votarían en otras citas, y no ha sido así. Soy partidario de un nacionalismo que tense la cuerda, pero que sepa negociar antes que dejar que se rompa sin saber sus consecuencias.
-Decía al principio que estaba convencido de que un partido andalucista es necesario. Sin embargo, las encuestas hablan de otro sentimiento y el referéndum del Estatuto fue nefasto. ¿Qué anclaje sociológico es necesario?
-En todos los años que he estado en el Parlamento de Andalucía, y ahí están los diarios de sesiones, si de algo estoy seguro es de cómo la actitud de PSOE y PP variaba si su partido estaba al mando del Gobierno central o no. Ésa es la principal diferencia, o la principal aportación que el Partido Andalucista hace, no mediatizarse como esas formaciones de lo que sus direcciones digan en Madrid.
-Pero, al final, Chaves acaba diciendo que es el más andalucista de todos, y que el PSOE es Andalucía o viceversa.
-Chaves ha dicho muchas tonterías en esta campaña y en los años que lleva gobernando, en los que también ha dicho cosas muy sensatas. Mire, creo que Andalucía es una nación, pero también me siento español, aunque debo luchar por mi tierra. Y le digo lo de nación porque así viene en la Constitución Española. Siempre defendí que el Estatuto de Andalucía no debía tocarse hasta que no se modificara la Constitución. Cataluña, País Vasco o Galicia tienen muy bien señalado en ella que como naciones, según sus Estatutos, tienen derecho a muchas cosas. En otro artículo de la Constitución está Andalucía, pero en nuestro Estatuto sólo pone que somos, en el preámbulo, una realidad nacional.
Indicios de agotamiento
-¿Cómo interpreta los resultados de las pasadas elecciones autonómicas con el techo de escaños de Arenas bajo la mayoría absoluta del PSOE?
-Son diez diputados más, y eso es para tenerlo en cuenta. Además, no todas las mayorías absolutas son iguales. Nada tendrá que ver la de los 61 diputados de esta legislatura pasada con ésta, en la que se bordea el límite. Y, sobre todo, a mi juicio hay indicios de agotamiento en el PSOE, que por otro lado, es una marca muy potente, con una estructura muy incardinada en Andalucía y con una fuerte red clientelar que da el tiempo que llevan. Esos indicios y un discurso moderado del PP pueden traer sorpresas.
-¿Y en Córdoba?
-Los mismos indicios. Esos indicios están, por ejemplo, en la actitud del número uno del PSOE, José Antonio Griñán, de apenas pisar Córdoba en campaña. Un signo de prepotencia que en nada les favorece y que ha sido tomado en cuenta. Lo diré en román paladino, una chulería que no le gusta a la gente.